Su Espíritu…

Viendo el centurión, que estaba frente a Él, de qué manera expiraba, dijo:- Verdaderamente este Hombre era Hijo de Dios (Mc 15, 39).

¿No es ese mismo sentimiento o pensamiento el que nos desborda cuando vemos al Cachorro expirando en Triana y Sevilla? Es esa misma verdad que relata el Evangelio. Es la misma Palabra de Dios hecha realidad, hecha obra plástica y barroca; hecha imagen…

Viendo cómo expiraba…, viendo cómo expira…, cómo entrega y da su vida… ¿Morir dando vida, dando aliento, mostrando la vida con mayúsculas a la que nos remite Dios mismo?

Es la experiencia que vivimos cuando alguien ya se va y, en un instante, recuerdas su caminar entre nosotros y el mundo. Un resumen vital en la que nos queda el posible impacto en su familia, su entorno y, algunos, en todo el mundo. Así merece la pena vivir. Así mereció la pena vivir. Así se muere dando vida, dando sentido a la vida, a la propia y a la de muchos…

Así vivió, podríamos decir, tanta gente valiosa. Unos famosos y conocidos, otros muchos, anónimos, sin nombre, pero que remiten a la misma manera de entender cómo vivir desde el prisma de Dios. ¿Quién se te viene a la mente, a quién te inspira la expiración del Cachorro? Piensa en ella mientras contemplas unos segundos, el caminar del Señor, expirante, que busca y señala con su mirada a lo más alto…

 

Pero esa expiración que remite a Dios, no queda solo en revelación. Puede ser también el comienzo y aliento para tu transformación. Si quieres…si te dejas…,  pues su llamada es siempre de invitación, no de imposición.

Un gentil, un romano, un pagano, un alejado de la fe… En su boca pone el evangelista la capacidad de ver a Dios. No le convierte la palabra o predicación, es la vida vivida y entregada la que desvela lo más profundo de la misma. No busca un convencerte desde las ideas. Si la vida te desborda, produce ese efecto en los demás: la posibilidad de abrirse al propio misterio de nuestra existencia.

¿Has experimentado esto cerca en tu entorno, en ti mismo? ¿O en el movimiento interior de corazón que te produce ver vidas así entregadas gente valiosa?

Ese aliento entregado, último, pero no último, es también el Espíritu prometido, con nosotros.

“Recibid el Espíritu Santo”. “Id y enseñad lo que os he mandado”. “Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

El Cachorro también se queda. Se va, pero no se va. Lo ves y lo echas de menos. Se queda contigo hasta que vuelves a verlo, no sabes cómo ni cuándo. Es la experiencia también de la resurrección, de esa alegría que les quedaba a los que vivieron con Él y lo reconocieron de nuevo…

“Los discípulos salieron por todas partes a anunciar el mensaje, y el Señor los ayudaba”.

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